Plaza de Armas
Los espacios públicos patrimoniales son verdaderos testigos del devenir histórico y cultural de una comunidad. La Plaza de Armas de San José de la Mariquina, siendo el corazón del casco histórico, encarna la esencia misma de la identidad local. Desde sus humildes inicios como un simple terreno de pastoreo hasta su actualidad como epicentro de la vida ciudadana, esta plaza ha experimentado una evolución que refleja los valores y las aspiraciones de la sociedad que la rodea.
La Plaza de Armas es nuestro primer y más antiguo espacio público dentro del casco histórico configurado por Avda. Colón, el Estero Quechuco, el Río Cruces y la calle Trincheras. Es el área urbana de mayor importancia público-cívica de San José.
Ya desde 1820, la Plaza de Armas se emplazaba en su ubicación actual, aunque su aspecto era descuidado, pues el abundante pasto que crecía en ella permitía que los vecinos alimentaran su ganado. Por otra parte, en el año 1827, los Franciscanos deciden levantar nuevamente la Misión de San José (que había sido destruida en la guerra de la Independencia de Chile), ubicándose ahora, en terrenos frente a la actual plaza. Si bien se construye la Misión, su iglesia se levantaría hasta el año 1849 gracias a la iniciativa de los Misioneros Capuchinos, quienes tenían la intención de formar en el futuro un pueblecito junto a la iglesia, como realmente sucedió después.
En 1851, Guillermo Frick, Comisionado de Mensura del Gobierno, realizó el primer trazado urbano de la ciudad, se trataba de una proyección tipo damero que abarcaba de norte a sur desde el estero Quechuco al Río Cruces; y de oriente a poniente, desde el canal Trincheras hasta el zarzal, actual Avda. Colón.
“La iglesia, cuartel y escuela que ya existían, se dejaron en su lugar, formándose en torno a la plaza. Mejor hubiera sido- dice el informe- dejar la plaza más al medio de la población; y o tan cerca de los terrenos fiscales, pero las exigencias de esas construcciones así lo exigieron”[1]
Con la instalación de la Misión de San José, este lugar de pastoreo de animales se comienza a configurar como el primer espacio público de la ciudad de San José de la Mariquina. Para el año 1852, la plaza era un espacio en el cual existían unos cercos pequeños que eran utilizados para amarrar los caballos de la gente que venía a la iglesia y que, además, seguía sirviendo como lugar de pastoreo para animales.
“El pueblo de San José queda a siete leguas de Valdivia, en un llano o pampa que se extiende hacia el norte, a unos veinte pies sobre el río. Como ocurre en todas las poblaciones de origen español, se había trazado también aquí, ante todo, una gran plaza, pero ella ofrecía un aspecto desierto y triste, debido a que la población no había aumentado mucho. En el costado sur se encontraban la misión y la iglesia; en el del poniente, la escuela; en el del levante, la casa del juez Moreno, la cárcel y una gran bodega; y en el septentrional, dos pequeñas chozas. El edificio de la misión, la iglesia y todas las demás casas estaban construidas de madera y la plaza se hallaba cubierta de pasto, el que era consumido por caballos, vacunos y ovejunos. Por el Occidente y el Sur, el lugar estaba rodeado de bosques; al Oriente lo limitaba el río, en cuya orilla opuesta había varias pequeñas casas, rodeadas por campos cultivados y bosquecillos de manzanos; y, hacia el Norte, los terrenos se encontraban limpios y cultivados a lo largo de un buen trecho”[2].
A inicios del siglo XX, comienzan las intervenciones en la Plaza de Armas que la posicionan como un espacio público urbano. En esta época se plantan a su alrededor Notros y Álamos. En 1910, se coloca la primera piedra y el obelisco, que posee cuatro placas en sus costados y que se constituye en un monumento recordatorio del Primer Centenario de la Independencia de Chile.
En el año 1918, fue bendecido el odeón (quiosco) por el Padre Mamerto, que fue construido por la Junta de Embellecimiento del Pueblo.
Con el correr de los años, la plaza se fue enriqueciendo con la mejora de sus caminos, áreas verdes, mobiliario y con la instalación de algunos íconos como el cañón que fue traído del Parque Santa Laura en 1943, donde estaba emplazado luego de ser transportado, a través del río, directamente desde el Fuerte Cruces. En esa misma ocasión se instalaron, en torno al obelisco y al cañón, las cadenas de una goleta que naufragó en Mehuín a fines del siglo XIX, donadas por Delfín Pincheira. También en esa época, se dispuso a reemplazar la arboleda que rodeaba la Plaza por los actuales Tilos.
Una de las intervenciones de importancia en la Plaza en el siglo XX se ejecutó en 1999, al construirse las jardineras alrededor de los Tilos que rodean la Plaza y cambiarse las baldosas. Para el siglo XXI, en el año 2010, se lleva a cabo un mejoramiento completo de la plaza de armas que incluyó reposición de pavimentos, intervención de veredas perimetrales, mejoramiento del sistema eléctrico, agua potable, aguas lluvias, colocación de basureros, bancas con respaldo, bolardos de hormigón y un trabajo de pavimentos en el centro de la plaza con la figura de un Kultrun. Finalmente, se habilitó la calle Padre Plácido como paseo peatonal.
El kultrún en la base del espacio central de la plaza trajo consigo la significación y “representación del instrumento usado por machis en rituales religiosos, o que está en la esencia de los nguillatunes y ahora un cañón y un obelisco sobre él, solo venia reproducir la lógica del conquistador español, que, sobre las construcciones religiosas precolombinas, montó iglesias y cruces.
Por lo latente de la tensión entre el Estado chileno y el pueblo mapuche, la plaza abandona la dimensión del conflicto estético o del diseño urbano, para asentarse en el conflicto político no resuelto entre culturas, una dominante y otra dominada. ¿Acaso nadie pudo prever el despropósito e ir más allá de la edulcorada y viciada mirada kitsch folclórica nacional para advertir sobre el insulto cultural que implica poner un cañón –símbolo del dominador- encima del kultrún –símbolo del dominado?” [3]
Esta situación llevó a que las comunidades indígenas de la comuna de Mariquina se levantaran y solicitaran el retiro del kultrun de la plaza, el que tuvo que ser intervenido y eliminado, aunque aún se conserva la forma circular en el pavimento.
La controversia surgida en torno al kultrún y su posterior eliminación resalta la importancia de abordar el patrimonio desde una perspectiva inclusiva y respetuosa. La gestión de estos espacios debe ser un ejercicio de diálogo y reconciliación, que reconozca y valore las diferentes voces y experiencias que conforman la comunidad.
Hoy en día, la plaza es el espacio público, cívico y social por excelencia. En ella se llevan a cabo diversas actividades, desde manifestaciones ciudadanas hasta ferias y celebraciones de todo tipo. Posee un trazado diagonal que se intersecta con recorridos circulares (derivados de la forma original del kultrún central). En su entorno paralelo con las 4 calles aledañas se configuran distintos tipos de aconteceres que se unen por los recorridos, aconteceres, comercios y arquitectura. Su preservación y cuidado son responsabilidad de todos, ya que es a través de estos espacios que se perpetúa la memoria y se construye el futuro de una ciudad.
[1] Pedersen, P. (1994). Historia de San José de la Mariquina.1551-1900. Ediciones Univ. De la Frontera, pág. 275 [2] Treutler,P. (1958). Andanzas de un alemán en Chile: 1851-1863. Editorial del Pacífico, pág. 305-306 [3] https://www.elquintopoder.cl/sociedad/la-plaza-el-kultrun-y-el-canon/