Los Culebrones
A la edad de 20 años y tras contraer matrimonio, los padres de Juan Awe emigraron a Chile, desembarcando en Corral.
Juan Awe se trasladó a San José de la Mariquina para trabajar junto a Gustavo Exss, a quien más tarde le compraría la casa en la que ha estado la familia Awe hasta nuestros días.
La familia Awe era propietaria de un campo y poseía una gran cantidad de vacunos, comercializando leche, entre otros productos. Juan Awe tenía hartos trabajadores, unas veinte personas, gente del campo.
En el pueblo y sus sectores circulaban rumores de que en un oscuro sótano de la casa de los Awe se criaban y mantenían culebrones.
Aunque nadie los había visto, la gente aseguraba que las criaturas se alimentaban con abundante leche y que los mismos trabajadores eran quienes se la llevaban. Y a pesar de que al parecer nadie les había visto, las personas concuerdan en que las criaturas son similares a una culebra en su apariencia, aunque mucho más grandes, fuertes y macizos que éstas
A finales de los años 80, un 28 de diciembre, se transmitió por la radio que de la casa de Juan Awe se habían escapado los culebrones hacia el río, entonces mucha gente acudió al puente y a la plazuela a ver si los veía. Tanto fue el escándalo que hasta los carabineros creyeron y fueron a la casa de don Juan a decirle a su señora que por favor los entre.
Sin embargo, esto nunca ocurrió y es sólo una anécdota muy conocida por los habitantes de Mariquina, ya que aquel era el día de los inocentes.
Entre las creencias religiosas de los alemanes llegados a Chile se encontraba el Luteranismo y se comenta que eran los curas católicos quienes instauraban la creencia en los habitantes de que los luteranos tenían pacto con el diablo y que por eso tenían tanto éxito económico. Cuentan que las condiciones del pacto con el diablo, era que tenían que criar y mantener culebrones
Se dice también que al morir don Juan Awe, los culebrones desaparecieron junto con él y que siendo un ser humano igual que todos, el demoró en morirse pese a lo viejo y débil que se encontraba.
*Extracto de “Marikuga: Mitos y Leyendas del Valle”